La elevada concentración de cobre en los suelos de Galicia
La utilización recurrente de fungicidas incrementa la acumulación de cobre en los suelos de producción vinícola
Varios estudios abordan los efectos del cobre tanto en el organismo como en el medio ambiente. La viticultura es uno de los sectores que recurre al cobre
26-07-2018
El cobre es uno de los metales fundamentales tanto para el organismo humano como para la actividad humana. Sin embargo, en exceso el cobre puede suponer un riesgo para la salud. Un reciente estudio de la Universidad de Vigo incide en la acumulación de cobre en los suelos dedicados al cultivo de la vid en España y en Galicia, un sector que ha tenido al cobre durante los últimos años como un auténtico aliado.
El cobre (Cu) es uno de los metales de transición y un importante metal no ferroso. Fue uno de los primeros metales usados por los humanos y a la vez es esencial para la salud humana, ya que juega un papel muy destacado en la transmisión nerviosa, el crecimiento de los huesos, la formación de tejidos y la secreción hormonal. Si bien, una concentración elevada de cobre en el organismo puede derivar en problemas de salud. El cobre está presente en ciertos alimentos, el agua (mediante los residuos generados por las tuberías de cobre de muchas instalaciones) o incluso en el aire, aunque en este caso, las concentraciones suelen ser inusualmente bajas, salvo para las personas que vivan cerca de fundiciones. Varios estudios realizados por distintas universidades ponen el foco en los efectos de una excesiva presencia de cobre tanto en el organismo como en los suelos.
La acumulación en los suelos vitícolas
El estudio de la Universidad de Vigo, publicado recientemente, El cobre en suelos de viñedo del noroeste de la Península Ibérica elaborado por David Fernández Calviño, Juan Carlos Nóvoa Muñoz y Manuel Arias Estévez, incide en la elevada presencia de cobre en las tierras dedicadas a la producción vinícola. El estudio se centra en las Denominación de Origen de Bierzo, Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras y en las Indicaciones Geográficas Protegidas de Barbanza, Iria y Betanzos y Região Demarcada dos Vinhos Verdes (Norte de Portugal). En este trabajo, los investigadores realizan una comparativa de los niveles de cobre en suelos y sedimentos de viñedos. Cabe destacar, además, que España es el primer país del mundo en superficie cultivada (el 13% de la superficie mundial). En Galicia, el cultivo de la vid es el cuarto en importancia en cuanto a superficie ocupada ( unas 25.000 hectáreas, el 30% en las DO y el resto en IGP). La máxima concentración de viñedos (63%) se localiza en la cuenca del Miño Sil, en la desembocadura del Miño en A Guarda y en los límites del Sil con el Bierzo, lo que ha motivado que el estudio también analice la presencia de cobre en el ámbito de la cuenca hidrográfica.
En el origen de las altas concentraciones de cobre en Galicia está el uso del sulfato de cobre dentro del “caldo bordelés” en la agricultura ecológica , especialmente para viñedo. El caldo bordeles es un preparado utilizado como fungicida (para controlar hongos) en las plantas. El caldo bordeles está compuesto de sulfato de cobre e hidróxido de calcio, y su uso se permite dentro de la agricultura ecológica. Otro fungicida permitido en la agricultura ecológica es el oxicloruro de cobre. El uso de cobre está permitido únicamente como bactericida y fungicida y hasta 6 kg de cobre por hectárea y año lo que no siempre se cumple fuera de los organismos regulados como el consejo de agricultura ecológica. En viñedo convencional se aplica de forma preventiva y en cantidades que lo superan de largo en muchos casos.
Pese a que su uso como fungicida no perjudica a la planta, termina en el suelo fuertemente atado a la materia orgánica y minerales, esto le impide terminar en aguas subterráneas. Sin embargo, en el agua superficial el cobre puede viajar largas distancias. Al no romperse en el ambiente, el cobre se acumula tanto en plantas como en animales cuando este es encontrado en el suelo.
Además, el cobre puede interrumpir la actividad en el suelo, su influencia negativa en la actividad de microorganismos y lombrices de tierra. Esto puede acarrear una disminución de la descomposición de la materia orgánica. También los animales pueden terminar con problemas de salud si se alimentan de suelos con una alta presencia de cobre.
El cobre y el vino
La presencia de cobre de forma natural en la uva es muy pequeña, pero se acentúa si en los tratamientos del viñedo se emplea un exceso de cobre con objeto de frenar el desarrollo del mildiu aprovechando las cualidades fungicidas del sulfato de cobre, sobre todo en fechas cercanas a vendimia.
Normalmente la cantidad de cobre presente en el vino después de la fermentación es muy baja, pues éste se trasforma en sales insolubles que precipitan al terminar la fermentación y son eliminados al retirar las lías. Pero si el vino entra en contacto con cobre durante su almacenamiento o como consecuencia de la aplicación de algún tratamiento enológico, el nivel puede aumentar por encima de lo deseable
En vinicultura el cobre se usa además para la lucha contra el sulfídrico, así antes de embotellar cualquier vino, a pesar de que no presente ninguna anomalía organoléptica, es necesario analizar la concentración de cobre y ajustar ésta, mediante la adición de sulfato de cobre. De este modo se puede evitar sustos a posteriori. La adición debe realizarse de modo que se alcancen concentraciones alrededor de los 100 – 200 microgramos por litro, en cobre elemento. El máximo legal de cobre en el vino es de 1000 microgramos/L = 1 mg/l. No obstante, valores por encima de 300 microgramos (0,30 mg/l), pueden producir quiebra cúprica.
La corrección de cobre en los vinos es una práctica autorizada. Se realiza normalmente con sulfato de cobre, grado reactivo de laboratorio. Un tratamiento excesivo, aunque no supere el máximo admitido, puede provocar un sabor extraño en el vino entre metálico, salado y astringente.
Potencia el alzheimer
Más allá de una acumulación de cobre en el medio ambiente, una concentración de este metal en el organismo también puede causar daños a los humanos. Un estudio del Centro Médico de la Universidad de Rochester (EEUU) descubrió cómo la acumulación de cobre dispara e intensifica la enfermedad de alzheimer. La presencia de este metal en el cerebro dificulta la eliminación de proteínas tóxicas, lo que acelera su acumulación y potencia los efectos de esta dolencia. Aunque no hay que olvidar que el cobre es positivo para otras funciones del organismo, por lo que no se recomienda su eliminación. Tal y como revelan los autores del estudio, la dieta puede jugar un papel destacado en la regulación de este proceso en busca del equilibrio.