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El Ruido: Uno De Los Agentes Contaminantes Del Mundo Moderno

El ruido: uno de los agentes contaminantes del mundo moderno

La crisis sanitaria en la que estamos inmersos ha callado las ciudades, al tráfico, a las personas en la calle y a la actividad industrial y comercial permitiéndonos escuchar, por lo tanto, mejor a la naturaleza y a nuestro entorno. Sonidos que para muchos quedaban en el recuerdo o incluso ni sospechaban que seguían ahí. El silencio se apodera de las calles y nos envuelve en esta época de confinamiento, y es aquí cuando somos conscientes de que vivimos rodeados de exceso de ruido.

En la jornada en que se celebra el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, Galicia Ambiental también se suma para dar a conocer el impacto negativo que tiene el ruido no solo en la salud de las personas, sino también para los ecosistemas y las especies.

 

El ruido y sus efectos en la salud de las personas

El ruido causa numerosos trastornos y molestias, y son varios los estudios que han demostrado su relación directa con la calidad de vida de las personas, sobre todo para aquellas que viven en grandes ciudades.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, OMS, considera ruido a cualquier tipo de sonido superior a los 65 dB durante el día y los 55 decibelios durante la noche.  Para que podamos entenderlo mejor, se considera que un susurro suave o una conversación en tono normal se sitúa entre los 40 y los 50 dB. Hay estudios que han demostrado que el deterioro auditivo comienza de 75 a 125 decibelios (interior de una fábrica, tráfico en movimiento que ya afecta a la salud de al menos un tercio de los europeos, una obra o el claxon de un vehículo), si se sobrepasan estos 125 dB se llega al nivel doloroso, mientras que el umbral del dolor a los 140 dB por ejemplo, el ruido que provoca el despegue de un avión.

El ruido es muy perjudicial para la salud y muchos de los problemas que conlleva están relacionados a la pérdida de audición, aunque existen otros que se relacionan a factores psicológicos (ansiedad, depresión, irritabilidad, estrés…) así como fisiológicos (alteración de la frecuencia cardíaca y respiratoria, afecta al descanso y el sueño) y afectaciones sociales (el ruido puede ser desencadenante de agresividad social o violencia…). En Europa, el 20 % de la población, unos 100 millones están expuestos a niveles de ruido prolongados que resultan perjudiciales para la salud. Con todo, existe un problema mucho mayor en torno a la contaminación acústica: nos hemos acostumbrado a soportar el ruido y a generarlo.

Desde hace años, la OMS recomienda a los gobiernos europeos establecer medidas para reducir la contaminación acústica pues, en Europa, una de cada cinco personas está expuesta a niveles de ruido de tráfico superiores a los límites establecidos. Pese a que está demostrado que la vida en la ciudad cada vez es más ruidosa, apenas unas contadas localidades se han sensibilizado con la contaminación sonora.

 

El ruido afecta a los humanos, y el ruido humano a la naturaleza

Como comentamos la contaminación acústica y la exposición prolongada a altos niveles de ruido tienen una serie de efectos negativos en la salud de las personas. Pero al mismo tiempo que el ruido tiene impactos en el ser humano, a su vez, el ruido causado por los humanos perturba la naturaleza.

Según un estudio de investigadores de la Universidad del Estado de Colorado publicado en la prestigiosa revista Science en 2017, advierte que el 63 % de las áreas naturales protegidas en EE.UU. registra ruidos de origen humano que duplican el volumen de los sonidos de la naturaleza, de las cuales en el 21 % multiplica por diez los niveles naturales. Aunque no se han realizado estudios tan completos en otros países, biólogos españoles explican que la contaminación acústica también es común en espacios naturales de España y resto de Europa.

La contaminación sonora altera la distribución y el comportamiento de especies clave, y puede tener efectos en cascada sobre la integridad de los ecosistemas. Un ejemplo de ello es que el ruido puede interferir en la capacidad de oír a presas o depredadores, como en el caso de los felinos que dependen del oído para cazar, por lo tanto afecta a su capacidad de supervivencia. A su vez, se han documentado efectos indirectos sobre invertebrados que no poseen el sentido del oído y sobre especies vegetales que dependen de animales para la dispersión de semillas.

La elección de un hábitat por parte de los animales depende, y mucho, de los ruidos que se producen en él. Si un animal no puede tolerar el ruido del entorno, no tolerará ninguna de sus condiciones. Eso hace que la contaminación acústica de vehículos, fábricas, talado de árboles o turismo altere el equilibrio de los ecosistemas salvajes.

Con todo, los efectos de la contaminación sonora no se limitan solo a la tierra. El mar también se ve afectado y se ha demostrado cómo el ruido de barcos y naves afecta gravemente a orcas, ballenas y delfines. Especies que dependen de la emisión de ondas, y la alta frecuencia de las embarcaciones distorsiona su capacidad de comunicarse, reproducirse o encontrar alimento.

No solo el medio ambiente salvaje se ve afectado por el exceso de ruido. Se ha demostrado que la contaminación acústica, y el estrés que produce, reduce el consumo de alimento del ganado y la capacidad de producir leche, por ejemplo, tanto en la cantidad obtenida con cada ordeñado, como en la frecuencia de ordeño.

Aunque la contaminación acústica tiene efectos nocivos sobre la salud de las personas y afecta gravemente a los animales y al equilibrio de los ecosistemas, lo cierto es que no se le da importancia que en realidad tiene. Es necesario llevar a cabo acciones de concienciación sobre este agente contaminante y reducirlo es imprescindible para un futuro sostenible.

 

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