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Rodeados de plástico

La baja tasa de reciclaje y el elevado consumo de envases aboca a convivir con los efectos del plástico

Sólo se recupera entre el 20 y el 30% de los envases según la comunidad autónoma. En Galicia, la cantidad de envases recuperados se sitúa en 10,5 kg/habitante al año

04-01-2019

Globalmente, entre 4,7 y 12,7 millones de toneladas de plásticos acaban en los océanos cada año, dañando la vida marina y dejando un reguero tóxico de polución plástica que entra en la cadena alimentaria a medida que los plásticos se acumulan y se rompen en pequeños fragmentos en el agua y en el fondo marino.

Europa es el segundo mayor productor de plástico del mundo, con España entre los primeros cinco países productores, (alrededor de 50 millones de toneladas se producen cada año en la UE).

Los envases suponen el 40% de la demanda de plásticos… mayoritariamente en forma de productos de un solo uso, que normalmente son incinerados, desechados en vertederos o convertidos en basura marina. El objetivo de la UE es poner fin a estos productos de un solo uso en 2021. El Parlamento y el Consejo Europeo han alcanzado ya un acuerdo provisional para prohibir diez productos plásticos de un solo uso en la Unión Europea, entre los que se encuentran las pajitas, los cubiertos desechables o los bastoncillos para los oídos.

Solo el 29,7% del residuo plástico que entró en la cadena de basuras en Europa en 2014 terminó siendo reciclado. En España, sólo se recupera entre el 20 y el 30% de los envases según la comunidad autónoma y menos del 5% de ese plástico recuperado vuelve a convertirse en envases. El resto pasa a ser un subproducto fabricado con esos plásticos como telas, lo que alarga mínimamente el ciclo del plástico pero sin centrarse en el reciclaje y la recuperación.

Galicia el “peor” de los mejores

En Galicia, la cantidad de envases recuperados se sitúa en 10,5 kg/habitante al año según los datos recogidos por Ecoembes en 2017. Pese a la media gallega, la comunidad también cuenta con excepciones que se acercan más a los objetivos de recuperación de envases marcados por Europa.

Una significativa diferencia marcan las cifras de recuperación registradas en el Complexo Medioambiental do Barbanza, situado en Lousame, y que en 2017 alcanzó una media de 31,7kg de envases recuperados por habitante al año y, a falta de cerrar el 2018, la tendencia es a seguir incrementándose.

Si bien, la planta de Lousame apuesta por una concepción del tratamiento de la basura asentado en la recuperación de envases así como en la producción de compost, procedente de la fracción orgánica. Con un sistema de contenedores que también está orientado a este objetivo y que se distingue del empleado en buena parte de la comunidad gallega que está dejando un fracaso estrepitoso en la recuperación de envases así como en su reciclaje.

Una situación análoga es la que presenta la planta de Nostián, Albada presta servicio a la ciudad de A Coruña y su área metropolitana recupera en 2018 algo más de 28kg de envases por habitante y genera unos ingresos sólo por este concepto de 5,5 millones de euros anuales a repartir entre concellos metropolitanos, concello de A Coruña y los gestores de la planta. Esta es una instalación de compostaje por biometanización, concepto (producción de energía eléctrica) por le que obtiene también un importante ingreso.

Directo a la salud

A pesar de su aspecto inocente e inofensivo, muchos plásticos pueden contener y liberar sustancias tóxicas. Desde el punto de vista de la contaminación química, el plástico no es un material inerte porque libera moléculas tóxicas, entre ellos contaminantes hormonales, moléculas sintéticas que “confunden” al sistema hormonal y que se utilizan en la fabricación de todos los tipos de plástico, al que dan diferentes características de suavidad, rigidez etc. Una de las más conocidas es el bisfenol A – BPA,. Otros de los plastificantes más habituales son los ftalatos, componentes del PVC y otros plásticos, que actúan como antiandrógenos, alterando la función de las hormonas masculinas.

Un informe de la Agencia de Protección Ambiental de Dinamarca ha desvelado que en los productos plásticos se utilizan al menos 132 sustancias o grupos de sustancias problemáticas. Entre ellas se cuentan sustancias sospechosas de ser cancerígenas o disruptoras endocrinas.

Los efectos del BPA

A la hora de analizar en detalle la composición de los plásticos que utilizamos a diario se encuentran distintos materiales asociados. Así, cuando los anillos fenólicos se unen a otros compuestos, se designan con otra letra, dependiendo del compuesto. Por ejemplo, el Bisfenol-A procede de la reacción con Acetona, Bisfenol-S de la reacción con trióxido de azufre (Sulfuro), Bisfenol-F con Formaldehído, etc (http://en.wikipedia.org/wiki/Bisphenol). El Bisfenol-A (BPA) se utiliza fundamentalmente en resinas epoxi y determinados plásticos como el Policloruro de vinilo (PVC, código de reciclaje 3) y algunos Policarbonatos (PC, código de reciclaje 7).

Estos materiales se encuentran, por ejemplo, en algunos envases o recubriendo el interior de las latas de conservas o de refrescos. Pese a emplearse en plásticos presentes en la vida diaria, entre los efectos adversos de estos materiales se encuentran:
• Cambios en el comportamiento. Hiperactividad, agresividad
• Diabetes y obesidad
• Pubertad temprana
• Reducción de la cantidad de esperma
• Cáncer de próstata
• Cáncer de mama
• Alteraciones cromosómicas
• Daño cerebral
• Deterioro de la función inmune
• Disminución de los niveles de antioxidantes enzimáticos